“Sígueme”

El Adviento es el tiempo privilegiado que tenemos los cristianos para prepararnos para lo que está por llegar, por acontecer, por nacer, por venir a nuestra historia. Adviento por tanto es cada día de nuestra vida, pues toda ella es un caminar hacia lo que está por venir, el encuentro definitivo con el Señor, pero, de forma especial, la Iglesia nos invita cada año a comenzar el año litúrgico con el Adviento, momento para dejar en la manos de Dios nuestro tiempo cotidiano, anodino a veces, el que transcurre casi sin darnos cuenta y no deja huella, el Cronos que decían los griegos, para que el Señor haga de él un tiempo propicio, denso, único, el tiempo del Espíritu, el tiempo de Dios, el Kairós.

Y así,  y como viene siendo habitual, un año más, como parroquia, nos sumábamos a la XIX Marcha de Adviento organizada por la Delegación Diocesana de Jóvenes, este año entre las localidades de Santa Cruz de Mudela y Torrenueva, que reunió a 500 jóvenes y adultos de toda la Diócesis.

Mochila ligera, ropa de abrigo, saco de dormir, esterilla y muchas, muchas ganas de compartir, todo ello era nuestro equipaje, así partimos de Tomelloso  el pasado sábado 1 de diciembre 12 jóvenes que se preparan para el sacramento de la confirmación y 8 adultos, incluido nuestro sacerdote Antonio y el seminarista que nos acompaña este año, Abel. Las sorpresas del Señor irían llegando poco a poco.

El lema era “Sígueme”, una sencilla palabra: tan escuchada, tan sabida…. ¿Tan…..?? Pues sin duda, ¡tan nueva!…. ¡tanto…!, ¡que a todos nos sorprendió!, pues tal vez pensábamos que el Señor llama sólo a la vocación sacerdotal o religiosa, y resultó que el Señor nos llama a todos y a cada uno de forma personal, desde nuestras circunstancias, desde nuestra vida. Y nos llama a llevar a cabo su proyecto de amor sobre nosotros, que no tiene otra meta que nuestra felicidad. ¡Qué bien nos lo decía nuestro Obispo en la Vigilia, ayudándonos así a preparar nuestro corazón para el momento privilegiado de encuentro cara a cara con Jesús en la Custodia! Creo que en ese momento entendí lo diferentes que éramos todos y como nos igualaba la misión, el seguimiento a Jesús.

El domingo nos pusimos a caminar hacia Torrenueva porque somos peregrinos de la vida, porque la misión nos pone en camino. Al llegar compartimos la Eucaristía, que es el centro de nuestra vida cristiana. Terminaba la marcha con la comida en un ambiente de fiesta y alegría.

Quiero terminar mi humilde reflexión sobre la Marcha de Adviento destacando el regalo que nos ha hecho el Señor a los jóvenes que se van a confirmar en febrero, y también a los que ya nos hemos confirmado y no es otro que compartir este camino con Antonio Martínez, joven con discapacidad, pero con los mismos sueños, las mismas inquietudes, dudas, esperanzas y alegrías que todos los demás. Junto a él, estamos todos descubriendo que la inclusión, la plena inclusión, no es otra cosa que reconocer en la persona que tengo al lado, el misterio de su realidad de Hijo de Dios, con un proyecto a realizar, igual que el mío.

Un poso muy especial deja esta Marcha de Adviento, muchas cosas quedan sin saber expresar, esas que se guardan en el corazón y sólo Dios conoce, pero que seguro brotarán y darán fruto.

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